Adiós a un mito y recuerdos de una noche histórica

Neil Armstrong junto a un avión X-15-3 en Rogers Dry Lake de la base de la Fuerza Aérea de Edwards / NASA / HANDOUT (EFE)

Neil Armstrong junto a un avión X-15-3 en Rogers Dry Lake de la base de la Fuerza Aérea de Edwards / NASA / HANDOUT (EFE)

Cuando, en enero de 1969, Neil A. Armstrong fue seleccionado por NASA como comandante de la Misión Apolo XI, yo acabada de ser contratado por INTA/NASA como ingeniero de comunicaciones de la estación Apolo de Maspalomas situada en el sur de Gran Canaria. Al incorporarme a mi nuevo puesto de trabajo, como parte de nuestra instrucción en las actividades espaciales, participé en el curso de Introducción a la Misión Apolo (Apollo indoctrination) en el Centro de Formación y de Pruebas de la Red de Estaciones Apolo (NT&TF) que era parte del Goddard Space Center, en Greenbelt (Maryland).

En el curso, además de explicarnos todas las fases del viaje a la Luna y de tratar de transmitirnos el orgullo que los norteamericanos sentían por ese proyecto, que nos contagiaron, nos hablaron por primera vez de la tripulación del Apolo 11 y especialmente de su comandante Neil A. Armstrong que traía la aureola de haber sido, junto al astronauta David R. Scott (comandante piloto y piloto, respectivamente , de la misión Gemini 8), los primeros que efectuaron el acoplamiento de dos naves en el espacio y que tuvieron que reentrar en la Tierra en emergencia por un fallo en el cohete Agena, donde estuvo atracada la nave unas horas. Durante esa difícil misión, Armstrong había mostrado su sangre fría y profesionalidad que volvieron a brillar en los últimos segundos del alunizaje del módulo lunar Eagle (Águila). Ahí empezó mi admiración por esta persona.

El día 20 de julio de 1969, yo controlaba en el turno de tarde en Maspalomas la calidad de la voz en las conversaciones entre los astronautas y el centro de Control de Houston que nos llegaban por distintos canales de frecuencias desde la Luna y tuve el privilegio, cuando el modulo lunar llegó a la superficie lunar, de escuchar en directo a Neil Armstrong su célebre y tranquila frase “El Águila ha alunizado” tras los aterradores minutos de indecisión que tuvo que vivir sobre si había o no que abortar el alunizaje por la sobrecarga del ordenador de abordo y la existencias de piedras en el lugar donde estaba programado que había que alunizar y tuvo que pilotarlo manualmente hasta una zona segura.

Durante la difícil misión Gemini8, Armstrong había mostrado su sangre fría y profesionalidad

Ninguna persona del turno de tarde se marchó esa noche a casa había que esperar que el primer hombre pusiera el pie sobre la superficie lunar. Fueron seis horas y media en tensión hasta que se abrió la escotilla.

Se dice que más de 600 millones de personas vieron por televisión en directo al primer hombre poner su pie en la superficie lunar. Lamentablemente las imágenes que nos llegaban a Maspalomas directamente de la Luna eran tan débiles que sólo veíamos sombras pues nuestra antena tenía sólo de 10 metros de diámetro y se necesitaba una de 27 metros para poderlas recibir con calidad. Tuvimos que esperar para verlas con nitidez al día siguiente cuando las distribuyó TVE por la cadena local canaria (quizá tendría que explicar que los cables submarinos entre la península y Canarias no tenían capacidad para enviar señales de televisión y todavía no había enlaces vía satélite, los telediarios y noticias de actualidad se emitían en las islas cuando llegaba en avión la cinta video grabada en los estudios de TVE en la península).

No obstante viví el momento con una emoción que quizá no se haya repetido en ningún otro de los muchos acontecimientos espaciales en los que desde entonces he tenido la suerte de participar. El Proyecto Apollo, que yo instintivamente relaciono con Neil Armstrong, trajo a España la primera estación para las comunicaciones espaciales y aportó a humanidad tecnologías que NASA hubo de desarrollar para conseguir que los hombres llegasen a la Luna y que todavía estamos disfrutando

Fueron seis horas y media en tensión hasta que se abrió la escotilla.

Nunca he querido ser astronauta, pero la personalidad de Neil Armstrong siempre me ha atraído no sólo porque en la noche histórica de la llegada del hombre a la Luna, decidí que quería desarrollar mis actividades profesionales en el campo de espacial, y he seguido sus actividades profesionales con interés y admiración, especialmente su defensa de las actividades espaciales, y, aunque nunca pude saludarlo personalmente pues cuando la tripulación del Apolo 11 visitó Maspalomas yo estaba de viaje de formación para los siguientes vuelos.

Con la muerte de Neil Armstrong los norteamericanos añaden un héroe a su Historia y la comunidad espacial pierde un icono que se caracterizó por su vida dedicada a la tecnología tanto en la universidad como en la industria instando a que los vuelos tripulados continuasen hasta llegar a Marte. Ojalá su sueño se haga realidad y desde aquí quiero rendirle mi humilde homenaje siguiendo sus palabras cuando se retiró de la vida pública: “Leo todo lo que se refiere a las nuevas tecnologías y ayudo en el desarrollo de proyectos espaciales en todo lo que puedo.”

Valeriano Claros Guerra es Ingeniero de Telecomunicación y Miembro Correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Artes, Ciencias y Letras

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Acerca de El ingeniero

Ingeniero y periodista, graduado en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.
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